Review: "Comfort y música para volar", de Soda Stereo

Review: “Comfort y música para volar”, de Soda Stereo

Cuando este trabajo salió a la luz, Soda Stereo estaba atravesando una crisis de la cual no habría de salir indemne. Los años en el camino y la vida familiar hicieron mella en el trío, haciendo de este tramo de la gira presentación de Sueño stereo el penúltimo tour de su carrera. MTV había iniciado las conversaciones con la banda en el medio de la grabación de Sueño stereo, pero Cerati se negaba a realizar un concierto acústico, ya que le parecía aburrido y manifestaba que cuando Soda se juntaba a “jugar” lo hacía de manera absolutamente eléctrica (los detractores de Gustavo & Cía decían que en realidad Cerati no sabía manejar la guitarra acústica… en fin) El 12 de marzo en Miami se grabó el concierto, que se televisó 2 meses después (con las videocasseteras al rojo, cuando You Tube era ciencia ficción).

El ambiente creado fue distinto a un concierto común de Soda en TV, basta recordar las apariciones de los años 80 o la increíble recreación de Dynamo a finales de 1992, pero por sobre todas las cosas, era distinto a cualquier unplugged, básicamente porque de unplugged tenía poco y nada. El disco comienza con un paseo por el cosmos sugerido por esa rendición floydeana de En la ciudad de la furia, con la agridulce voz de Andrea Echeverry de los colombianos Aterciopelados, quienes acompañaron a Soda en el multitudinario show gratuito en La Plata en noviembre de 1995 y luego prosiguieron la gira “por el frío de Estados Unidos”.

Luego sigue una novedosa mirada a Un misil en mi placard, el tema del disco debut que de deberle a The Police pasó a deberle a Ride. Las cuerdas llenan de delicia esta apertura tan pop. Tampoco es que fue tan eléctrico… El disco continúa con, esta vez sí, la versión acústica de Pasos. La canción que iniciaba el segundo acto de Sueño stereo vuelve a acariciarnos muy suavemente y nos deja en el medio de un lugar al que difícilmente quisiéramos salir. La frase “si me mareé es por devoción” puede salir solamente de los labios de un eterno enamorado de la música como Gustavo Cerati. Y los fans, como eternos enamorados de su música, más que agradecidos.

Entre caníbales es, en realidad, el cover de un cover. ¿Qué? Ajá. Esta versión está ajustada a la interpretación que Cerati hizo en su primer concierto sin Soda (Cerati puro) en la presentación de Amor amarillo en una radio de Buenos Aires en abril de 1994. Tomó este oscurísimo tema de Canción animal y lo cambió por completo. Quien se luce aquí es el tecladista Tweety González, con un solito de toques jazzy.

Bueno, acá viene un momento especial en la carrera del trío (¿exagero? Creo que no) Té para 3. Sublime en la voz y un registro guitarrístico que hemos visto poco de Cerati: el Blues. Siempre esquivó al género, la 335 desgrana notas melancólicas que encajan perfecto en esta baguala (la baguala como el blues son auténticamente americanos y los dos nacen prácticamente del dolor y la soledad) compuesta para el papá de Gustavo, casi al final, hay una cita a Cementerio Club de su otro padre, el musical, que no es otro más que Luis Alberto Spinetta.

Angel eléctrico transpira auténtico rock latino, a sabiendas que ninguna otra banda enrolada en tal denominación podría interpretar esta nueva lectura, quizás más cerca de un salvajismo setentista (ver Santana) que la original con aires dark de los 90 (ver The Cure). La parte “live” culmina con la rockerísima Ella usó mi cabeza como un revólver para dar paso a la sección “Outtakes” provenientes de las sesiones de Sueño stereo. Esta suerte de bonus tracks comienzan con Sonoman (Banda de sonido), un delirio sónico dedicado al superhéroe del poder músico-mental, creado por el dibujante argentino Oswal (Osvaldo Viola) y que cada semana cautivaba las imaginaciones de los niños en la década de los ’70. El dato es que en este tema está la tan mentada colaboración con Ian Baker, tecladista de Jesus Jones. Luego, en otro clima altamente psicodélico se abre paso en una noche estrellada imaginaria Planeador, compuesta y grabada sobre un demo (de Amor Amarillo?) del año 1994.

Coral y Superstar cierran este disco con un tono absolutamente british, entre los Beatles y los Kinks que de todas maneras pone en evidencia las razones por las cuales quedaron afuera del corte final de Sueño stereo. En esos días también grabaron en Miami un tema para el tributo a Queen que habría de ver la luz recién después de la separación de Soda y casi simultáneamente con la edición de los discos A y B de El Último Concierto. Se trata de Some day, one day rebautizada para la ocasión como Algún día y convirtiéndose, hasta hoy, en la última canción registrada por Soda Stereo.

Javier Cuenca
De Rosario, Argentina, es seguidor de Soda Stereo desde 1989. Músico y periodista, integró desde 1996 a 2012 la banda Newbery. Colabora en la sección discos y singles de la revista beatle “Glass Onion” y lleva adelante también “El Salón de Man Ray”. Desde 2015 escribe reseñas en Bailando esta maldita canción.