EXCLUSIVO: Entrevistamos a Andrea Alvarez

EXCLUSIVO: Entrevistamos a Andrea Alvarez

Noche de lluvia en Buenos Aires. Nos llega su mensaje: “los espero a las 20”. La cita se dio en el barrio porteño de Almagro. El lugar: su sala de ensayo. Nos recibe Andrea Alvarez, quien fuera percusionista de, para muchos, la etapa dorada de Soda Stereo. Entre 1989 y 1991 grabó un LP (Canción Animal) y dos maxis con el trío (Languis y Rex Mix).

Repartidas las butacas para que estemos cómodos, surge casi en complicidad la anécdota de que, quizás, en algún lugar de esa sala, se esconda algún registro del histórico show de Soda en el Estadio de Velez, allá por Diciembre de 1990. No lo sabremos. Andrea, sin buscarlo, da el puntapié inicial a la entrevista:

• De aquel Vélez de fines de 1990 ¿qué recuerdos tenés?

– De ese show recuerdo que yo ya había decidido que me iba a ir de Soda Stereo. Yo sabía que me quería ir. Visto a la distancia uno dice “es una locura”, pero en ese momento no la estaba pasando bien porque era mucho laburo, mucho dedicarle toda tu energía, y estaba muy saturada. Había estado dos años, pero me parecieron que fueron diez. Fue difícil. No podías planear nada.

A la vez, el que era mi marido (con el que después nos casamos) vivía conmigo, y era uno de los mánagers de Soda. Entonces en mi casa era todo Soda Stereo. Lo que pasaba también era que yo me enteraba de cosas de las que no tendría que enterarme… internas técnicas, cosas así. Y creo que en ese momento no estaba preparada para procesar eso y poder cumplir los dos papeles: ir a tocar como si no supiera nada sabiendo toda la interna que nadie sabía, cuando yo había atendido todos los teléfonos, y eso se hablaba en el living de mi casa. Entonces creo que eso fue lo que a mí más me perjudicó. El conocer un montón de cosas que yo no debía haberme enterado, y el haber sido chica como para poder procesarlo.

Eran cosas técnicas, internas, de laburo. Como que el escenario ese día resultó que estaba mal medido. Por ejemplo, yo tenía una tarima que era más chica que la que habían pedido y estaba muy alta, era muy peligroso. Era muy peligroso donde yo estaba, realmente… creo que fue muy simbólico: por un lado había que transmitir que estaba todo bien, y por el otro si me movía me mataba, ¿entendés? Ese tipo de cosas pasaban.

• ¿Ese tipo de problemas se sucedieron anteriormente durante la gira?

– En la gira pasaba de todo. Pensá que había un micro de avanzada, y otro donde íbamos nosotros, eran micros con camas. Era una época donde no había la hotelería que hubo después, era todo mucho más precario. La gira era monstruosa, pero a la vez era precaria comparada con lo que sería si se hubiera hecho una gira igual pero de Me Verás Volver. Era la ceremonia de lo analógico, porque se laburaba de otra manera. Es muy difícil imaginarlo hoy.

Había mucha gente laburando, era un equipo muy grande. Fue único. Lo que pasó en esa gira no sé si volvió a pasar. Pero como yo vivía con este manager, me enteraba de que cuando habíamos estado en tal ciudad, había pasado tal o cual cosa. O que se habían perdido los equipos acá, entonces no habían llegado a tal ciudad y nadie sabía nada. Yo tenía que ir a comer con todos, juntarme con ellos, y sabiendo todo me tenía que quedar callada la boca, porque ellos no lo sabían.

No estaba preparada para eso, me saturó totalmente.

• Decías que en ese Vélez tomaste la decisión de dejar Soda… ¿se la comunicaste a alguien?

– Mirá, recuerdo que ese Vélez era el último show de Luis Bianchi, que era el asistente de Charly, y que era como mi hermano. De hecho también era mi asistente. Me acuerdo que después del show veníamos en un remís que me llevó a casa, y me puse a llorar. Le dije a Luisito: “yo me voy a ir, sigo un poco más y me voy”. El ahí se enteró. Me dijo “¡¿en serio?!”. El se quería casar, quería tener hijos, no quería más esa vida de giras.

Eso me tranquilizó y me permitió sacar adelante esos meses que quedaban, todo lo del Gran Rex. Encararlo mejor.

• ¿Se percibía un ambiente extraño durante esos Gran Rex sabiendo que era el final?

– Cuando terminamos los Gran Rex, que hicimos 14 funciones… Bueno, de hecho como que nos peleamos por la mitad, había tensión. A mí no me gustaba que estuviera Melero, yo no la pasaba bien. Ahora por ejemplo me cae bien, y me resulta re simpático y todo. Pero en ese momento no me lo bancaba. Y eso producía… no sé… Gustavo estaba mucho con él. Había situaciones complicadas. No en lo musical. En lo musical la pasábamos genial.

Me acuerdo por ejemplo que yo no quise estar en el video de Cae el Sol, que lo filmaron en el Rex. Me daba rabia que nos enfocaran tan poquito, y no quería estar toda la tarde ahí sabiendo que practicamente no me iban a enfocar. Esa fue una gran pelea. Nos llamó el manager para decirnos que no había plata para nosotros, que no había plata para el presupuesto, bla bla bla. Y yo le dije “mirá, si no hay plata es una cuestión de amistad. Y si es una cuestión de amistad, me tienen que llamar los músicos, no vos. Si me llamás vos yo digo que no voy”. Y no fui al video.

En ese momento se produjo un teje y maneje de poder, que tiene que ver también con haber sido mujer y el haberlo dicho yo.

• ¿Fue el único momento en el que sentiste una cosa así estando en Soda?

– Nooo, no, jeje. Pero esos testimonios los dejo para mi documental (risas). Igualmente no tiene que ver con el lugar en particular, era una cosa de la época. La lucha de poder existe hasta el día de hoy, entonces si a determinados personajes vos les planteás un cuestionamiento, y encima sos mina, te van a llevar la contra aunque sepan que es justo lo que estás planteando.

Estábamos mucho tiempo con Soda Stereo y no cobrábamos tanta plata. Entonces un día llegué con el planteo de dividir toda la plata por todas las horas que nos llevaba. Yo estaba cobrando como la mina que venía a limpiar a mi casa ¿entendés? Lo que pasa que en este tipo de lugares te pagan mucho con el éxito. Yo laburaba con otras bandas y cobraba el doble que en Soda, porque todos pensaban que yo cobraba fortunas. Entonces me pagaban un montón… los otros.

Ojo, yo aceptaba sabiendo que me convenía, y aparte me gustaba estar. Me gustaba hacerlo, y aparte era chica. Podía asumir determinadas situaciones. Pero bueno… después que no fui a la filmación de Cae el Sol llegué al Gran Rex, me llamaron, y tuvimos una situación tensa en el camarín, donde yo les dije también de todo, lo que pensaba. Hubo como un blanqueo de que les dije lo que pensaba. Lo que pensaba de Melero, del “Primo”. Nosotros lo llamábamos “el Primo de Gustavo”.

Con Charly no hubo problemas. Pero había pasado también de una vez que… siempre Zeta a mí me sacaba a bailar en el principio de En camino. De hecho ya ni me acuerdo del tema, lo borré de mi memoria sinceramente. En ese momento Gustavo se cambiaba, y Zeta me sacaba a bailar. A mí me daba vergüenza, pero yo le seguía el tren. Un día parece que Gustavo se enojó y se lo dijo: “No me gusta que saques a Andrea a bailar”. Porque la gente se ponía a aplaudir en ese momento. Y Gustavo que estaba en el camarín decía “¿qué pasa que están aplaudiendo?”.

Eran boludeces. Y tiene que ver con que le cuentan eso a Zeta, y entonces Zeta viene y me dice que no lo hiciéramos más porque a Gustavo no le gustaba.

Y en realidad Gustavo nunca dijo que no le gustaba. De hecho en esa reunión que hubo en el camarín porque yo no había salido en el video Gustavo me reprochó entre otras cosas: “al final no salís a bailar más, no sé qué pasa”. Y yo le dije “¡No! Zeta me dijo que no saliéramos más a bailar”. Y se pusieron a discutir entre ellos (risas). Eso era lo máximo que podía llegar a pasar.

• ¿Y cómo les comunicaste a ellos que te ibas?

– Le escribí una carta a Zeta. Le escribí una carta a Charly. Y a Gustavo lo llamé para que nos viéramos. Eso fue después de la última función del Gran Rex. Gustavo se dió cuenta que yo le iba a decir eso, entonces trató de decírmelo él primero, y yo le dije “no, no, no, no me vas a ganar” (risas). Terminamos re bien. Nos juntamos a charlar. Coincidimos en todo, de que era una etapa cumplida.

• ¿Ese final como lo viviste?

– Como una liberación. No me daba cuenta de lo que había decidido. Era estar en el lugar más exitoso, y cuando yo le contaba a mi mamá por ejemplo de que me quería ir nadie entendía nada. Hasta tuve que hacer terapia para poder bancarme el decir que no al lugar donde todo el mundo quería estar.

Durante un tiempo estuve como enojada con todo lo que tenía que ver con Soda Stereo. Igual yo estaba y me mantuve vinculada siempre. Pero no quería saber nada con Soda Stereo. Es más, ni siquiera fui al recital de la 9 de Julio… ¡no quería saber nada! Me quedé en mi casa mirando otra cosa.

• Pusiste lo personal por sobre lo laboral…

– Sí, estaba saturada. Y aparte, el rumbo musical que estaba tomando Soda, que eso se ve en el Rex Mix, con más secuencias y electrónica, no tenía nada que ver con las cosas que me gustaban a mí y con las cosas que yo podía aportar.

• Sobretodo viendo que tu ingreso fue en la etapa de Languis…

– ¡Claro! ¡Que era más tocado! Igualmente yo disparaba muchas cosas, midis, trabajaba con eso, hacía un montón de cosas que nadie veía. Pero creo que lo mío tenía que ver también con una presencia energética durante el show, y que fue muy importante en el momento. Tampoco nos dábamos cuenta cuando eso pasaba, pero fue una puerta que se abrió para las mujeres también. Fue un hecho muy importante.

• ¿De eso te diste cuenta después de haber salido de Soda?

– Sí, mucho tiempo después. Es decir, en el momento en que estaba me daba cuenta de que era algo importante, pero éramos chicos… no teníamos ni 30 años en esa época. Y estábamos viviéndolo. Todo lo que pasaba en el 90 era muy importante mundialmente. Y yo lo registro mucho después porque en ese momento éramos los protagonistas de algo importante ¿entendés? No es fácil verlo, tomar distancia y verlo, cuando estás tan metido en eso.

En ese momento las etapas se quemaban mucho más rápido. Ahora son etapas de décadas. En ese momento era una etapa de un año. En un año pasaba lo que ahora pasa en cinco. Si a mí me decís que esos dos Vélez del 90 los hicimos el mismo año, ¡es una locura! Un Vélez parece hecho en una década, y el otro en otra década. Pero es tal cual, las personas están distintas también. Si nos ves a nosotros parecen diez años de diferencia.

• Y en realidad fueron sólo diez meses…

– Y en realidad fueron sólo diez meses, tal cual. Pero con muchos hechos en el medio, incluso la grabación de Canción Animal. Pero éramos otras personas al terminar ese año.

Después de eso, yo ya me había ido, y al muy poco tiempo tenía que hacer una clínica donde iba a explicar cómo armaba los temas de Soda Stereo con la percusión, los arreglos. En esa clínica me acompañaba Tweety y me acompañaba un guitarrista. La noche anterior a la clínica el guitarrista me llama y me dice que no puede venir. Lo que hice fue llamar a Gustavo, le dije que lo necesitaba como amigo. Le conté la situación y vino. Fue un éxito total.

De los nervios me quedé disfónica, no podía hablar. Gustavo se reía porque yo intentaba hablar y no podía. El tema es que en esa época vos ponías un anuncio en el Suplemento Sí, o lo decías en una radio, y ya se enteraba todo el mundo. Ahora vos ponés 200.000 cosas y no va nadie a ningún lado.

En ese momento, cuando se enteraron por un programa de radio o algo así, de que iba a estar Gustavo, se colapsó el lugar. Y él vino con uno de sus managers, trajo todos sus equipos, guitarra, todo. Un amigo real.

• Si te pido que me describas como artista a Gustavo…

– Como artista maravilloso. Yo tengo muchos alumnos a los que les gusta Soda Stereo, obviamente. Y muchos son niños. Por sus padres lo han conocido. Me sorprendo cuando escucho los temas de Soda, al escuchar los arreglos. Hoy en día lo escucho desde otro lado ¿no?

• ¿Aún hoy, tanto tiempo después, te sigue sorprendiendo?

– Sí, me sigue sorprendiendo, y me siguen sorprendiendo las cosas que pasaban musicalmente, y yo no me daba cuenta, cuando escucho Canción Animal. De hecho es uno de mis discos preferidos.

• Recuerdo que en la primer entrevista que te hicimos decías eso de la tapa, de que no la entendías en su momento, y que con el tiempo te pareció impresionante.

– ¡La odiaba! Y con el tiempo la entendí, me pareció de vanguardia. La redescubrí. Sigo descubriendo cosas en ese disco, y cuando lo escucho me acuerdo cómo lo grabamos. Gustavo tenía todo hecho en su casa. Lo tenía recontra cocinado, muy parecido al original. Lo que era distinto eran los arreglos de voces, porque había un cassette de arreglos de voces de Pedro Aznar, re complicadas que terminó no siendo eso. Se simplificó absolutamente. Pero Gustavo lo grabó con una batería electrónica en su casa muy parecido a lo que terminó siendo.

Gustavo me invitó a la casa, y me mostraba tema por tema. Yo en su momento no le daba mucha bola (risas). Pensaba que era un plomazo. O sea, me gustaba, pero pensaba “uh, qué plomo escuchar esto” (risas). Pensaba “uh, le tengo que decir que me encanta” (risas).

• ¿Se puede disfrutar grabar un disco a pesar de haberlo escuchado tantas veces previamente?

– Sí, sí. Yo con los míos cuando los dejo de escuchar, los vuelvo a escuchar y redescubro cosas, “wow, mirá este sonido”.

• O sea que no te cansás de tu propio sonido…

– No, no, no. No te dan ganas de escuchar el disco después de hacerlo, pero en algún momento lo retomás. Y ahí es que lo descubrís. Los discos de Soda son más fácil de retomar porque los pasaban por la radio. Y aparte no te puedo explicar la cantidad de veces que lo ensayamos, que lo escuchamos para poder sacar todo.

• Volvamos a la descripción de Gustavo…

– Sí, no nos vayamos por las ramas (risas). Gustavo era una persona obsesiva. Un poco omnipotente. Siempre pensaba que nada le iba a ocurrir. De hecho me acuerdo una vez que lo acompañamos con el que era mi novio al foniatra. Gustavo fumaba mucho y se quedaba disfónico en las giras. Llegamos y el foniatra adelante mío le dijo: “Si vos seguís cantando así y fumando, en un año te quedás sin voz”. Salimos, y Gustavo se prendió un pucho y dijo “que se deje de joder”.

Yo era así, muy disciplinada, no comía carne, toda así. Y yo le decía: “Gustavo, no podés seguir así”. Y él ni pelota. Y bueno… cada vez cantó mejor, o sea, nunca lo ví que se quedara disfónico ni nada. Es más, el nivel de canto lo fue mejorando. Lo he visto grabar voces, siempre me encantó verlo grabar la voz, incluso en visitas que le he hecho durante su carrera solista. Las tomas eran hermosas, siempre.

Creo que era una persona a la que le costaba bajarse de lo que él significaba para el otro. Por eso valoraba mucho a determinadas personas como Taverna, como Coleman, Tweety… yo también me considero. Podíamos tratarlo normal.

Obviamente cuando yo trabajaba con él me era más difícil, porque él no dejaba de ser mi jefe. Pero ya cuando no, o en momentos cuando estábamos fuera de ese contexto, creo que él valoraba mucho el que no le chupara las medias.

Le encantaba ser anfitrión de los demás, ser DJ de las fiestas, organizarlas, a él le gustaba mucho. Un hombre muy compenetrado con su laburo y muy necesitado de estar tocando todo el tiempo. Necesitado de estar arriba de un escenario o creando algo nuevo.

• Nació realmente para eso…

– Sí, yo pienso que sí. La música lo eligió. Era como un don.

• ¿Crees que era consciente de eso?

– No sé si era consciente o si lo pensaba. No creo que lo pensara. Era lo que le tocaba hacer en el mundo. Todos venimos al mundo por algo. Realmente no sólo él creía que nunca nada le iba a pasar. Yo creo que todos creíamos que nunca nada le iba a pasar. De hecho cuando le pasó el accidente yo misma cuando lo escuché en la radio dije “en 5 días está de vuelta, lo tenemos de vuelta”. Jamás me hubiera imaginado que él no iba a estar más.

• Resulta, de hecho, bastante simbólico que la última imagen que tengamos de Gustavo sea cerrando un show. Muy representativo para un artista que lo último que se conozca sea eso…

– Sí, es muy simbólico. A muchos artistas les pasa eso. Es fuerte. Era una persona que cuidaba su imagen. Cuidaba todo. Digamos, él estaba compenetrado cuando hacía un proyecto 24 horas al día en eso. Yo lo he vivido en los tres discos que participé. Su vida giraba todo en torno a eso. Después lo entendí cuando tuve mis propios proyectos. De los tres Soda era el que estaba conectado 24 horas con lo que estaban haciendo.

Y cuando terminaban de hacer eso, se hacía otra cosa. Se pasaba inmediatamente a hacer otra cosa. Y cuando se planeaba el show también: que la luz, que esto, que aquello, que quién va a venir, que reuniones, que video. 24 horas pensaba en eso Gustavo.

• Era el capitán del barco, y se iba a dónde él iba…

– Sí, totalmente. Su vida era ese proyecto con el cual él se mostraba ante el mundo. Pero creo que después cuando hizo el disco con Melero, cuando hizo Amor amarillo, ya él por ahí necesitaba mostrarse de otra manera. Eso se notaba ¿viste?

• ¿Y en tu vida que significó Soda Stereo?

– Mirá, Soda Stereo por un lado es una etapa muy importante en mi carrera. A veces creo que más importante para los demás que para mí. Es algo con lo cual mucha gente me identifica, incluso más que otras personas que han estado en Soda más tiempo que yo. Es como que me registran en Soda Stereo en el acto, como algo importante que incluso pasó en Soda Stereo. Me registran todos menos los que me tienen que registrar que es cuando hacen crónicas en la Rolling Stone o cosas así, ahí ocupo un renglón (risas).

Pero después es como un karma que todos me unan a la banda, y a mí a veces me cansa ¿entendés? Me cansa porque a nivel artístico, si bien a mí me encanta y me emociona incluso, no tiene mucho que ver con mi música o con mi búsqueda musical personal.

O sea, me unen con los 80s, y nada que ver. Del 85 al 88 no estuve acá, y al año ya estaba tocando en Soda Stereo, así que inmediatamente me fui a otro planeta que tampoco estaba conectado con Argentina exclusivamente, era un mundo aparte que era Soda Stereo. Era nuestra propia burbuja.

En definitiva estoy unida, y ahora estoy amigada con esa parte. Durante mucho tiempo me rompía mucho, decía “loco, ¡basta!”. Ahora no. Lo que pasa que hay veces que me gusta, y hay veces que no tengo ganas de estar unida. Por ejemplo que te digan, “¡Ay Andrea, qué grosso, conociste a Gustavo!”. Como si ese fuera mi valor, ¿entendés? Y yo fui una persona que estuvo en Soda Stereo por haber sido algo. Sino no me hubieran ni saludado.

Creo que tengo un valor por otras cosas que son muy independientes de Soda Stereo. Pero la realidad es que para mí el haber estado ahí… no creo que haya algo de más nivel en la música popular argentina, a nivel pop-rock, o escena rock, digamos. Y estuve ahí, incluso en muchos momentos fuera de mi etapa, y somos ese grupo de personas que formamos toda la etapa de Canción Animal, un grupo de personas que estamos unidos como por un cordón umbilical, de hermandad, aún sin vernos. Está como implícito que somos un grupo.

Entonces, el haber estado ahí a mí me formó en un montón de cosas. En cómo plantarme en un escenario, de determinada manera. En qué tipo de exigencia tener, a nivel estético, aunque yo elija otra distinta. Elijo determinada eficiencia a nivel trabajo. Me gusta determinado tipo de personas para trabajar, eso lo aprendí de ahí.

Me gusta mucho la producción. Y como yo justamente estaba de novia en ese momento con uno de los que organizaba, estaba muy enterada de un montón de cosas y me encantaba saberlo. Digamos, no lo anterior que te conté, sino cómo se armaba el escenario, qué personajes formaban parte, por qué.

Yo sigo aplicando hasta hoy un montón de enseñanzas de esa época, que fue el haber estado en Primera A. Una vez que vos estás ahí no sos la misma persona. Es decir, si sos la misma persona es que no aprendiste nada. Para mí, en lo que es mi carrera solista, en todo eso, fue fundamental. Fue como una universidad. O sea, fue muy importante, no puedo decir que no.

No fue lo único importante. Pero incluso cuando yo estuve con Draco Rosa en Colombia tocando en Rock al Parque, los compañeros de banda que eran de Puerto Rico, no sabían que yo había estado en Soda Stereo. Cuando se enteraron ahí, uno en especial que se enteró ahí, se quiso morir de la emoción. Yo nunca fui a Colombia con Soda Stereo. Pero después que se enteraron, cualquiera que se enteraba venía y me trataba como una divinidad (risas).

Porque aparte, si bien hubo otra mujer en Soda Stereo que fue Celsa (Mel Gowland), no hacía lo que hacía yo, que era mostrarse como instrumentista. En mi caso te dabas cuenta que estaba siendo parte del todo, era muy evidente.

• ¿Vos qué crees que le brindaste a Soda Stereo?

– Yo creo que brindé una frescura a una situación orgánica que tenía que ver conmigo, con cómo yo me tomo las cosas y cómo las disfruto arriba del escenario. También a nivel imagen. Ellos podrían no haberlo hecho, pero era como una tendencia mundial esto de tener a una mujer en el escenario. En ese momento Prince lo hacía, y bueno, ellos me eligieron a mí, aunque no había mucho más para elegir (risas).

Digamos, yo era la figurita difícil que venía de estar en Estados Unidos, hicieron así y me agarraron a mí. Y me pusieron ahí arriba.

Creo que fue un aporte mutuo. Fue importante en ese momento. Hasta el día de hoy conozco mujeres que deben tener alrededor de 40 años, y que se sentían parte de la situación al ver a una mujer arriba del escenario. Una mujer ocupando un lugar importante. Se sentían felices de eso. Como que fue muy fuerte para esa generación.

• Decías que seguiste vinculada, de hecho fuiste parte de las despedidas de Soda en 1997 y 2007. ¿Cómo fueron esas experiencias?

– Fueron el día y la noche para mí. Llegué a disfrutarlos, pero de distinta manera. A mí no me gustaba mucho la banda de 1997, del “gracias totales”. Me parecía muy fría esa época de Soda, no era lo más orgánico. Incluso cuando hicimos la versión de La Cúpula, era una versión más plana. De hecho tampoco quedó en la grabación original porque en esa época no había Pro Tools, no se podía corregir.

La versión que hicimos en River tuvo equivocaciones, no de parte mía, ¡yo toqué per-fec-to! (risas).

Al final no se pudo usar esa versión, y se utilizó la versión grabada en Chile. Entonces yo aparezco en el video, pero no se entiende por qué aparezco en el video cuando en realidad no estoy tocando lo que está siendo tocado, porque lo que está siendo tocado es una percusión de maquinita que no tiene nada que ver.

Esa noche toqué un solo tema. Me daba bronca porque yo quería tocar más, pero ya estaba planeado así.

• ¿Vos llegaste y ya te dijeron que ibas a tocar La Cúpula?

– Sí, me llamó Charly para decirme si quería tocar La Cúpula. Le dije que no, que un solo tema no, pero acepté. Era bastante reciente en realidad, aunque pasó de todo en ese tiempo. Yo me había ido casi en el 92, y eso era 97. Había sido mamá, mi nene tenía un año. Había estado abajo del escenario por un año y pico, entonces estuvo bueno finalmente para mí estar.

Para mí estaba bien que se separaran. No veía nada malo en eso. Al contrario, me pareció un crecimiento. Ya sabía que Gustavo tenía ganas de hacer otras cosas. Me parecía bien todo eso, pero sinceramente no había un clima de alegría. Estaban todos medio de velatorio, sobretodo el equipo de laburo. Era como que les sacaban a todos un lugar de pertenencia, y bueno… yo veía que estaban todos tristes, pero yo estaba contenta porque la pasé bárbaro. Aparte a mí me parece siempre que quemar etapas es positivo, y me gustó.

• ¿Y en el 2007?

– En Me Verás Volver lo pasé con muchísima felicidad. Ellos estaban muy bien. Los ví maduros. Me encantaba ir al estudio de Gustavo a ensayar. Me tocaba el tema con Alomar.

Gustavo estaba en un momento bárbaro porque le había ido muy bien como solista, entonces estaba muy feliz. Estaba en su momento de gloria. Zeta y Charly también estaban bárbaros. Se llevaban bien. Todo estaba bien.

Aparte fue una movida comercial gigante la que se puso atrás de Soda. Soda Stereo estuvo en todos lados. Y cuando en la radio ponían un tema de Soda que era re viejo, aún seguía siendo buenísimo. Ahí mismo uno decía “ah, claro, era así. Así es una banda de verdad”.

Tenían todo, le pusieron toda la carne en el asador. O sea, ¿qué es lo más grosso que podemos hacer?, “bueno, vamos a ponerlo todo en esta gira”. Eso me gustó más que el “gracias totales” porque en 1997 era todo más fino, más frío. A mí eso ya no me gusta tanto. No es que no me gusta, no me emociona tanto. Me gusta más lo orgánico, ¿viste?

A mí me hubiera gustado haber hecho toda la gira. Pero había que saber tocar la guitarra y yo no sabía tocar la guitarra.

• ¿Te lo propusieron?

– Me preguntó Charly si yo tocaba la guitarra, porque necesitaban alguien que tocara la guitarra. No necesitaban una percusión full time ni nada más. A mí me hubiera encantado, pero yo no sé tocar la guitarra. Entonces me dio mucha bronca (risas).

Yo estaba amiga de ellos, de todo. Por lo tanto fui feliz al último River. Lo recuerdo todo como muy placentero, mucho más placentero que tocar en sí. En esos escenarios, hay tanta gente, tan fuerte, pero como que hay distancia. Entonces se produce algo que te separa incluso de tus compañeros.

• Claro, vos lo decís por el clima que había en los ensayos…

– En los ensayos, en la prueba de sonido incluso. Hacía un calorazo, pero… ¡qué bien la pasamos en esa prueba! Todo, todo, todo. Fue un show hermoso.

• Una buena manera de despedirse…

– ¡Sí! Para mí… lo que pasa que no era una despedida ¿entendes? Ya se sabía que también iban a volver. En ese momento estaba como pautado que esto es un proyecto, se guarda, se vuelve…

A mí lo que más me llamó la atención de la vuelta de Soda Stereo fue como en esos diez años de separación nadie pudo llenar ese hueco. No digo de suplantarlo. Pero no hubo nada que ocupara ese lugar de trascendencia, de magnitud, en el pop-rock. No hubo nadie que compusiera canciones, nadie que tocara algo más rockero en el pop. Entonces empezaron a inventar a los artistas medio pelo del rock latino. Y ahí empezaron a triunfar de países que no rankeaban nunca porque Soda Stereo les hacía sombra. Países como Colombia, Venezuela, Chile… empezaron a tener todos bandas.

Entonces, entre todas iban llenando ese espacio. Pero que no tenía nada que ver con Soda Stereo, porque Soda Stereo era de otro palo. No era latino como Maná, era nivel internacional, era otro palo, que rankeaba internacionalmente. Trascendía lo latinoamericano. Y hoy diez años después también sigue igual. Y pasa con la carrera solista de Gustavo.

En definitiva Me Verás Volver fue como una separación, sí, pero nadie imaginaba que eso no iba pasar más. Es más, para mí era “dentro de cinco años hacemos lo mismo”. Después me dí el gusto de tocar con Soda en CAPIF.

• Justamente se cumplieron 10 años de aquella ceremonia, la última vez que vimos a Soda Stereo…

– Pasa el tiempo eh.

• Y mirá que pasaron cosas en todo este tiempo…

– Bueno, eso me llamó mucho la atención. En todo este tiempo, y a raíz del accidente de Gustavo, empezó a aparecer un montón de gente nueva como fan. Las cosas hay que decirlas como son: cuando él se enferma empiezan a endiosarlo de una forma que no era lo que pasaba antes. Tanto Spinetta como Gustavo eran valorados, pero no era Gustavo algo tan masivo. Siempre se mantuvo en un nivel de calidad pero no era algo tan popular como pasó después. Uno medio que se olvida, pero no es que vos prendías la radio y escuchabas Cerati. Si lo escuchabas era porque era una “prioridad internacional Sony”. Y a Spinetta no lo escuchabas ni a palos, ni siquiera hablaban de él. Les chupaba un huevo Spinetta.

Recuerdo cuando se hizo el primer Planetario por Gustavo, las 3/4 partes de esa gente nunca lo había visto. Te re dabas cuenta. Y muchos fans niños empezaron por los padres, que cuando Gustavo estaba internado empezaron a sacar la música al aire. A poner la música en los equipos y que lo escucharan en toda la casa. Viste que ahora se escucha la música de a uno. Pero en ese momento los padres, que venían de otra generación, empezaron a poner la música y los pibes a decir “che, eso me gusta, ¡está buenísimo!”.

Eso no pasa ahora. Ni los padres saben qué escuchan los hijos, ni los hijos qué escuchan los padres, porque no se escucha como banda de sonido en la casa. Cada uno escucha solo. Entonces los pibes a los que le empezó a gustar la música de Gustavo siendo chicos, a valorarlo, o sacar temas en la guitarra… empezó mucho por esa nostalgia, o angustia.

• ¿Cómo fue aquella noche en la ceremonia de CAPIF que terminaste siendo la baterista de Soda?

– Fue una fiesta a la que yo no pensaba ir. Yo estaba por grabar un disco, Doble A, iba a traer a un productor de afuera, con toda una situación independiente que yo vivo. Iba a traer a Jim Diamond, productor de White Stripes, iba a hacer una movida re impresionante yo solita, y la que me hacía prensa me dice “nah, vos tenés que ir, ahí van a estar todos los periodistas, te van a dar bola, vos sos parte de Soda. Le tenés que contar a todo el mundo el proyecto en el que estás, es eso. Es el momento en el que hacemos la prensa”.

Yo estaba así, como estoy ahora. Estaba dando clases, me estaban rompiendo las guindas. En eso me llama mi mejor amiga, fan de Soda, y me dice “no, no, no. Yo ya estoy lista, ya estoy vestida, ¡me llevás ya a la ceremonia!” (risas).

Bueno, voy. Nadie me daba bola. Me decían “tenés que estar en la alfombra roja”, y yo decía “los periodistas no me dan ni pelota a mí, bue”. Me puse en la alfombra roja con Cuentos Borgeanos y Massacre, como que me incluyeron ahí para que saliera en las fotos. Hice lo que tenía que hacer, le dije a tooodos los periodistas sobre mi proyecto. Le mandé sms a mi prensa: “Ya hice todo lo que tenía que hacer, me quedo un ratito y me voy”. Mi amiga me dice “no, no, no, no. ¡Ni loca, nos vamos al VIP, vos tenés que ir al VIP!”. Yo “no, no”. Fuimos (risas).

Entramos al VIP, estábamos ahí charlando. Había un show, estaba todo el mundo de la música. Era como una cosa así… muy top, top, top. Yo estaba con Charly, como siempre, éramos bastante compinches. Mirando la música que había le digo a Charly: “tendrían que tocar, les están pidiendo que toquen”. “Ni, en pedo, yo no voy a tocar”, me dijo.

Me dice: “Andrea, nosotros no podemos venir de seis River a este escenario, no. Ese fue el final, ya fue. Acá nosotros venimos, todo bien, yo no puedo tocar con esa batería”. Viste como es Charly con las marcas… (risas). “No tenemos contrato, no voy a tocar, no, no, no, me voy”.

Taverna le gritó “no te vayas, mirá si tenemos que tocar”. “No, no, me voy”, le contestó Charly. “Mirá que toca Andreíta eh”, le dijo Adrián en broma. Charly se fue.

En un momento vienen a buscarme de Sony. Uno me dice “hola Andrea, soy fulanito, de Sony”. Y en mi inocencia pensé que me iba a venir a hablar del disco que estaba por grabar. No. Me dice “vení, vení”. Me lleva por un pasillo, después por otro, y me llevan a un apartado. Veo que estaban Gustavo y Zeta también. Parecía la Gestapo, un evento rarísimo ahí. Todos ahí, intercomunicados, rarísimo.

En esa época no había celulares con cámaras, y de hecho muy pocos tenían los blackberrys como el de Gustavo. Yo tenía mi camarita, y la había llevado de casualidad porque la usaba para mis alumnos.

En un momento me encuentro con Afo Verde, y él, que me conoce de hace años, me dice “Andrea, ¿cómo te ves tocando los temas de Soda Stereo?”. “No me veo de ninguna manera”, le digo. “No los sé, ¿estás loco? No hay percusión”.

“No, no. Vas a tocar la batería”, me insistió. “No, yo no voy a tocar, yo no me siento en otra batería, no me sé los temas”.

“Andrea, ¿cómo no los vas a saber? Todo el mundo sabe los temas de Soda Stereo, vos ya los tocaste”. Me agarra así, me mira, y me dice “mirame a la cara: VAS A TOCAR”. Y yo le digo “mirá a Gustavo, miralo a Zeta, están en cualquiera, nadie me da la orden a mí. Si yo no escucho la orden de los músicos, no toco, porque después se me va a armar quilombo con Charly y no quiero tener problemas con él”.

Entonces me dice “Charly dio el OK, y Gustavo también”. Le pregunté si era en serio. Me dijo que sí. La miro a mi amiga que estaba ahí dando vueltas y le digo “boluda, ¡tengo que tocar!”. Afo me dice que fuera al escenario. “Cuando vos estés cómoda en la batería, tocamos”.

En ese momento, mientras se armaba todo eso, había varios bateristas que querían tocar. Y cuando ví que había varios que querían tocar, yo dije “naaah, no me van a sacar” (risas).

Me subo al escenario. Nos cagamos de la risa con los asistentes. A todo esto yo iba pasando y estaba el padre de mi hijo, que es el baterista de Attaque 77 que me dice “¿qué hacés? ¿a dónde vas?”. “¡Voy a tocar!”. “¿¿¡¡Me estás jodiendo!!?? (risas).

Era todo como una película. Era todo Hollywood, una película. Me siento en la batería, lo veo a Gustavo que estaba en cualquiera. Ellos estaban parando en ese hotel, entonces le habían traído su guitarra. El siempre andaba con la guitarra. Zeta estaba con el bajo, estaba cada uno en la suya. Estaban viendo cómo iban a solucionar el no tener nada.

Le grito a Gustavo: “¡¡¡Vení para acá, dame bola, dame bola!!!”.

Viene Gustavo. Me dice: “¿Qué pasa Andrea? Relax, toquemos, toquemos”. Le digo: “¡No! Relax nada” (risas). Le pregunté qué íbamos a tocar. “Toquemos lo que vos quieras”, me dice Zeta. “¿Cómo lo que yo quiera? Yo no sé cómo son los temas”.

Al final les digo: “bueno, toquemos En la ciudad de la furia. ¿Cómo era el principio? ¡Diganme el principio!”. Le pido a Gustavo: “¿Cómo hace la batería? Cantamelo”. Y él me lo canta. “Ta, ya está, ya está, ya me lo acuerdo”.

“El hit, De música ligera… ¿cómo empieza?”. Gustavo me dice: “empieza la guitarra, y vos metés tan tan tan con la batería”. Perfecto, “ya está, me la acuerdo”.

Y ahí les pedí El séptimo día, porque yo hacía ese tema en vivo con mi banda. “Nooo” me dice Zeta. “El séptimo día no, es muy difícil”. Le digo: “No, no, no. Yo la sé perfecto”. Entonces Gustavo se me acerca y me dice: “cantamela”. Le canté el ritmo. Dice “perfecto, salimos así”.

Yo me moría de la risa, pero de los nervios. Encima a esa altura de la noche ya tenía un pedo que se me fue en cinco segundos, y terminó pareciendo una fiesta de mi cumpleaños (risas). Pasé de ser un cero, a ser el centro del momento, porque encima Gustavo lo presentó a los gritos “¡Soda Stereo con Andrea Alvarez! ¡Aca volvimos con más pelo!”. Terminaban los temas y yo estallaba “ehhhh!!!!!”, terminaba parada, una cosa de locos.

Terminó, ellos desaparecieron y vinieron todos a mí, la prensa, todos. Ellos no iban a hablar, entonces la única que podía hablar aunque no tenía mucho para decir era yo. Habían dado la orden de que no se podía testimoniar de ninguna manera por una situación de contrato, porque eso no era Soda Stereo tampoco al estar yo.

Quedó como una noche mágica. Me bajé del escenario y todos decían “mi amiga Andrea” (risas). Pareció una fiesta organizada para mí. Terminó impresionante, yo volví feliz a mi casa. No podía dormir. Y al otro día salgo y me dice el kioskero “che, estás en todos los diarios”.

Las únicas fotos de aquella noche las había subido yo al Fotolog, y están sacadas con mi cámara, las sacó mi amiga. Después se conocieron algunas de Germán Sáez, y no hay más. Aunque para mí tiene que haber algo, pero no tengo para nada conocimiento. Me parece raro que nadie desempolve, pero realmente puede ser que se haya obedecido, porque recuerdo que se habló: “Le pedimos a todos que no saquen fotos, y que no graben con los celulares”. Y se cumplió.

• ¿Y con Charly lo hablaste eso?

– Sí, nos encontramos muy poquito tiempo después en la fiesta de MySpace, y me acuerdo que me abrazó y me dijo: “che, mostremos que somos amigos porque a ver si se lo creen mal” (risas).

• Andrea, muchísimas gracias por la entrevista, por el tiempo y por la buena onda.

– Gracias a ustedes, chicos.

Allan Kelly Márquez
De Montevideo, Uruguay, lleva adelante EnRemolinos.com desde el 30 de Octubre de 2009. Admirador de Soda Stereo, se transformó en coleccionista. Colabora con material de su archivo para el especial Soda Stereo +INFO (2007), y los libros Cerati, la biografía (2015) y Yo conozco ese lugar (2016).