El día que Gustavo Cerati "obligó" a los periodistas a escuchar "Bocanada"

El día que Gustavo Cerati “obligó” a los periodistas a escuchar “Bocanada”

Cerati volvía al ruedo. Tras aquel Gracias Totales comenzaba una nueva etapa que lo lanzaría definitivamente como solista. Continuación, es verdad, del puntapié realizado con Colores santos y Amor amarillo. Pero Bocanada era otra cosa. Era realmente su desligue de Soda Stereo.

El lugar elegido no fue al azar. La manera de presentar el disco tampoco. En una habitación espaciosa del Hotel Faena de Buenos Aires, Gustavo, vestido totalmente de negro, con ropa, boina y zapatillas, esperaba a los periodistas.

De a uno fueron ingresando y encontrándose con una escena poco habitual: el artista los observaba desde un sillón, entre varios sillones, con unos auriculares puestos. A su lado un equipo de audio de última generación y dos enormes bafles.

De fondo, el afiche promocional de Bocanada.

Ordenados los medios de prensa, Cerati los miró y sonrió.

¿Qué tal? Les voy a presentar Bocanada de manera original… no sea cosa que aburra“, se atajó.

Yo sé que en mi lugar debería estar una chica rubia hermosa… drogada quizás“, bromeó.

Así, relajado, con un cigarrillo en la mano y con un vaso de agua en la otra, apretó play con el codo. Enseguida posó su vista en el techo, entrecerrando los ojos.

Los periodistas se sumaron al juego, entendieron las reglas: para preguntar o criticar, primero escucharían el disco. Casi entero. Por decisión de Gustavo.

Los primeros acordes empiezan a sonar. Abruptamente detiene la marcha del CD. “Perdón, disculpen“, interrumpe. “Antes que nada una cosa: los primeros tres temas los compuse en una semana. Representan un disco dentro de otro disco. Después van a ver cómo cambia la cosa“.

Aclarado. Aprieta play.

Cerati está quieto, como congelado, viajando con la música. Mientras, el humo de su cigarrillo fluye por el aire.

Luego Tabú, Engaña y Bocanada se suceden sin nuevas interrupciones. “Son como para escuchar en el living de casa, ¿no?“, bromea sin dejar de controlar que la reproducción suene acorde al momento.

En este disco me propuse fluir“, acota mientras comienza a sonar Puente. Detiene nuevamente el CD. “Estos temas son un cóctel de sensaciones, por eso mismo los puse en el disco. No me preocupó el cambio de frecuencia“. Habla, seduce a los presentes, sonríe. Y vuelve a darle play.

Uno de los periodistas interrumpe. “Este track suena similar a tu última etapa de Soda Stereo“. Gustavo pulsa stop, se acomoda los lentes. “Creo que es el único tema que se emparenta con aquello. Me salió y lo dejé. Realmente no me genera ninguna culpa tocarlo“.

Sin permitir repregunta, vuelve a reproducir Bocanada. Continuamos el camino.

Río babel da paso a Beautiful y Perdonar es divino, los que se proyectan de contínuo. “De estos temas tenía la música. Bah, siempre tengo primero la música, pero esta vez escribí estas letras viajando en un taxi. Tan mal no quedaron, ¿no?“, bromea.

Nuevamente detiene la reproducción. “Ahora viene Verbo carne, componerlo fue muy loco“, comenta. “Escuchar una creación tuya tocada por un batallón de músicos profesionales produce sensaciones muy fuertes. Creo que fue una de las cosas más impresionantes que viví como cantante“.

Gustavo hace caras, sonríe. A veces guiña el ojo, o interactúa con muecas tras algún efecto de sonido que se escucha en su disco. Se ve satisfecho.

Surge Raíz, el corte de difusión del disco. Claramente no está entre sus temas favoritos. “Es sólo un lindo tema“. No abre el juego a discutirlo. No le interesa. Algún integrante de la compañía se debe estar agarrando la cabeza.

Para cerrar el juego musical, Cerati saltea algunos tracks, y elige “paseo inmortal“, bromeando con el título del tema. Sube el volúmen. La música sacude la habitación, tiemblan los parlantes. Gustavo menea la cabeza con sus auriculares. “Es para bailar quieto, se entiende la sensación, ¿no?“.

Terminada la reproducción, Gustavo tomó el micrófono y explicó: “Después de la separación de Soda Stereo yo no tenía ganas de hacer canciones, es más, tenía ganas de investigar por otro lado. El proceso de hacer este disco fue muy feliz, no recuerdo en otro disco haber mezclado canciones en cinco horas. Sentí como más libertad para poder irme al carajo y hacer lo que se me daba la gana. Hice oídos sordos a la presión“.

Bocanada estaba en el aire. Un nuevo comienzo en la carrera de un artista como Gustavo. Se vivía, se respiraba, y como tal, la presentación fue acorde. Entre tantos acordes.