Charly Alberti: "La tecnología es el primer aliado que tiene el planeta"

Charly Alberti: “La tecnología es el primer aliado que tiene el planeta”

La impresión que queda, luego de más de una hora de conversación con Charly Alberti, es que el músico encarna, tal vez a su pesar, la versión tech de un predicador abismal, pero no uno de esos que, con maneras angustiantes, nos adoctrinan con retribuciones celestiales, sino más bien alguien que, con zapatillas de lona y una prosapia en la aristocracia del rock, nos advierte sobre asuntos tan terrenales como ardientes. Ese ardor, puesto en números o en datos, no configura un punto de vista, sino un estado de situación que de tan inquietante quizás asuste y de tan universal -es decir: confundidamente abstracto- paralice. O peor, distraiga.

Pero el énfasis que desarrolla Alberti al hablar, la autoridad que le brindan su convicción y su pasión, hacen que su discurso resulte un alegato conmovedor, una suerte de colonizador de conciencias. Ex baterista de Soda Stereo, Alberti fue un precoz agitador de la era digital y hoy parece encarnar el paradigma del ciudadano comprometido, un modelo que las sucesivas eras del vacío se encargaron de desangelar pero que, aquí y ahora, según lo que él exhorta, vuelve a ser fundamental para nuestras vidas.

Hablar con Charly Alberti es adentrarse en un terreno que conocemos, o que intuimos que conocemos, pero que no atendemos, absortos como estamos en nuestras titilantes individualidades. En una era en la que miramos más el celular que el cielo, en la que cada semáforo en rojo es una oportunidad para chequear el whatsapp por el temor a quedar afuera de quién sabe qué cosa, lo que nos viene a decir el músico, factótum y alma de la Fundación pro sustentable R21, es que si seguimos así corremos el riesgo de no reconocernos ni por la dentadura.

Este año, lo que podríamos denominar genéricamente como la agenda verde volvió a aparecer, por dos razones, el calendario electoral y las inundaciones. Ahora bien, pareciera que cuando una realidad que está relegada emerge, lo hace con un montón malentendidos a cuestas.

– Sí, malentendidos y malas intenciones.

Es curioso, porque sustentabilidad y agenda verde son conceptos puros, que parecen no despertar resistencias, sin embargo hay gente poderosa que no solo le resta importancia, sino que directamente los combate, porque pone en jaque sus intereses.

– Sí, increíblemente, pero sucede.

A esta altura, ¿eso no es como dispararse el pie?

– Absolutamente. En los Estados Unidos está casi blanqueado que hay un grupo de poderosos que están pagando para que haya desinformación a raíz de que ellos tienen intereses y quieren seguir ganando dinero.

¿Qué tipo de poderosos?

– Gente que sabe que la causa de gran parte de los problemas tiene que ver con sus empresas, con los combustibles fósiles, con la minería, etcétera. Y que al reconocerlo, ponen en riesgo sus negocios. Lo increíble es que sabemos que están dañando al planeta y por ende a nosotros mismos, y sin embargo siguen adelante. Así de grande es su codicia. Como siempre digo: lo que está en juego en este momento es la especie humana, no el planeta. Lo ves a lo largo de la historia: la evolución de la Tierra indica que las grandes extinciones tuvieron que ver con meteoritos o cambios climáticos producidos por millones de años. Lo que sucede es que lo estamos produciendo nosotros a una velocidad en la cual no tendremos capacidad de adaptación, ya que está pasando muy velozmente.

¿Cuál es la mayor falla que detectás en la clase política con respecto a eso?

– En líneas generales lo que hay es un gran desconocimiento, tanto acá como en el exterior. No tanto de las consecuencias, sino de las soluciones. Básicamente están viendo un mundo que ya no es. La diferencia del ser humano con el resto de las especies es que tiene la capacidad para proyectar y planificar el futuro. Hoy pareciera que no estamos usando esa capacidad. Porque si la utilizáramos, deberíamos saber que el mundo que viene es un mundo absolutamente diferente, debido al tremendo impacto que realizamos día a día en todos los ecosistemas de los que dependemos como especie. Sucederá en pocos años, en algunas décadas. Pero pareciera que ni la sociedad ni los políticos pueden ver ese mundo diferente. Hoy se toman soluciones de una forma que sabés que van a fracasar.

¿Por ejemplo?

– El PBI. Soy un predicador de un nuevo modelo. Creo que los conceptos de izquierda y derecha desaparecen en el siglo XXI, porque son obsoletos y porque vas a empezar a hablar de sustentable y no sustentable, porque eso es lo que te va a dar la oportunidad de vivir y no vivir. O vivir mejor o vivir mal. Cuando uno habla de sustentabilidad, habla de medio ambiente, de economía y de la sociedad, ya que las tres están 100% vinculadas y ninguna se puede resolver sin tener en cuenta a las otras. Lo que pasa es que hay gente que hace proyecciones de crecimiento de PBI, que es un indicador que tiene que ser reemplazado por otro que realmente mida qué sucede con los recursos en relación a la sociedad y al impacto ambiental que producen. Hay que hacer un indicador que deje de hablar de crecimiento infinito, ya que eso es imposible porque ya hemos rebasado los límites del planeta. Hoy consumimos el equivalente a un planeta y medio por año. A esto hay que sumarle que debido a las consecuencias climáticas cada vez tendremos menos recursos.

¿En dónde se ve?

– Este año se vio con las inundaciones de la provincia de Buenos Aires, que son producto principalmente del cambio climático. Después vemos si la obra que falta sirve o no. Lo que sí sabemos es que las tormentas son más fuertes y estamos perdiendo constantemente cosechas por esa razón. Por inundaciones o sequías, otra consecuencia directa del cambio climático. Vos no podés calcular tu economía si no calculás eso. Un modelo que te lleva a tener que demostrar crecimiento, te lleva a mentirte a vos mismo al no incluir en tus proyecciones este tipo de cosas. Lo que falta para una visión real es entender los inconvenientes reales y afrontarlos. Hoy cambió todo. Cuando inventamos el sistema de organización económico social en el que estamos insertos, éramos menos y los recursos parecían infinitos. Era otro planeta, hoy eso cambió. Los materiales cruciales para el desarrollo de la humanidad antes eran otros. Hoy por ejemplo tenemos al grafeno (N de la R: un derivado del carbono similar al grafito que permite mejoras notables en la mecánica y la electrónica), el material estrella de la producción. Y el carbono para elaborar el grafeno, por ejemplo, se podría absorber de la atmósfera, que simultáneamente sería una manera de empezar a revertir el calentamiento global. Es hora de comenzar a pensar en eso. No es una realidad inmediata, pero lo será en 20 años. Por eso hay que comenzar ya.

Ahora bien, salvo las revoluciones, los cambios de pensamiento se dan de arriba hacia abajo. Pareciera que en este caso ocurre lo contrario: no hay en la clase política ni en las elites una voluntad manifiesta para que eso suceda.

– Bueno, vamos hacia eso, para que el cambio se dé de abajo hacia arriba. La tecnología hoy es el primer aliado que tiene el planeta. La sociedad vive un estado de confort y de acceso a cosas que no está dispuesto a abandonar. Hoy estaba leyendo que Porsche sacó su auto eléctrico para competir con Tesla, que es el mayor fenómeno de la industria automotor de los últimos 10 años, con el cual se reduce a la mitad el tiempo de carga de las baterías. Listo, no demos más vueltas, ya sabemos que los autos van a ser eléctricos en los próximos 20 años. Y de ahí todo el resto. Entonces, apostar al petróleo es, porque sos ignorante, o porque tenés un negocio en el medio. El petróleo puede sobrevivir como máximo 40 años más. La extracción ya es muy cara, entonces te va a salir más barato producir electricidad a través de energía renovable. Y lo más importante, si seguimos quemando combustibles fósiles, incrementamos el calentamiento global y ponemos en riesgo nuestra subsistencia. Así de simple. ¿Cuántos inmigrantes hubo por lo de Siria?

Más de 40 mil intentaron cruzar el Mediterráneo, pero hacia los países árabes son millones.

– Bueno, estudios de la ONU estiman que de no hacer nada puede haber 150 millones de refugiados ambientales para 2050.

Hay una islas en el Índico que se están hundiendo.

– Las Maldivas. En realidad, lo que sucede es que está creciendo el nivel del mar. Es un país que está saliendo a comprar un pedazo de tierra en otro país. El gobernador del estado de Florida prohibió expresamente hablar del cambio climático. Cuando suba un poquito el nivel del mar, Florida puede convertirse en Venecia. No sé cuándo va a pasar, pero si seguimos así, va a pasar… Las cosas que uno tiene para contar son catastróficas, pero hay herramientas para revertirlo si actuamos de inmediato, los políticos y empresarios tomando las decisiones de leyes y cambios en la producción, y la gente con cambios cotidianos y ejerciendo presión sobre los gobiernos y las empresas.

¿Qué pasa cuando hablás de esta realidad con los hombres que deciden? ¿Notás cinismo? ¿Notás que te dicen: «Ok, Charly, tenés razón, es terrible», pero después cuando te vas siguen con su agenda urgente y con los lobbies feroces?

– El gran problema son los cuatro años de mandato, así como en las empresas es el reporte trimestral. Si tu mayor preocupación es darle un reporte trimestral a un accionista, que es alguien que en muchos casos no está haciendo nada más que comprar una acción tuya y está esperando dividendos con cada liquidación, estás en problemas. El tema es ése: la inmediatez de algo que no es inmediato. Vos tenés que proyectar el mundo de acá a cincuenta años. Las empresas tendrían que reportar una vez por año. Hay empresas, como Unilever, cuyo CEO Paul Polman es uno de los grandes personajes de la sustentabilidad en el mundo (yo no creía que era como decían que era, hasta que lo conocí), que no quieren hacer más reportes trimestrales, porque, dicen, “estamos todo el tiempo corriendo detrás de los reportes y no de lo que realmente importa”. Ganar dinero es importante y fundamental para cualquier empresa, pero más importante es tener una estrategia a largo plazo que permita que el negocio pueda seguir adelante en el futuro. Es lógica pura.

Dicho así parece no sólo lógico sino inexcusable que alguien no lo haga, pero en realidad pareciera que solo los prohombres son capaces de dar el salto. Y ese tipo de liderazgos hoy parece provenir sólo de algunos empresarios filantrópicos de los países centrales.

– Lo que pasa es que el político muchas veces llega a su lugar de poder por estrategias de otro tipo y, por sobre todo, con el cortoplacismo como principal eje regulador de sus acciones. A su vez, siento que a los gobernantes les pasa lo mismo que a muchos músicos y artistas: no saben manejar la fama y el poder. Y eso es algo fundamental. Empiezan a tener éxito y se creen que son estrellas. O los dueños del planeta. Hay gente que me dice: “Charly, sos un pibe humilde”. “No, no soy un pibe humilde, soy como tengo que ser.” El éxito te da por sobre todo algo de seguridad y eso te lleva a tener ciertas actitudes, pero al final del día no sos nadie. O en todo caso, sos alguien que hacés lo tuyo, que con tu trabajo le has dado felicidad a mucha gente, y que con eso te podés sentir un poquitito bien, pero nada más… En algún momento, un político respecto de la crisis ambiental me dijo: “Charly, tenemos que hacer algo urgente.”

¿Y qué respondiste?

– Que urgente no hay nada. Lo único urgente que se puede hacer con este tema es la educación. Yo puedo dar una conferencia y vos deberías armar un plan de educación. El resto tarda mucho tiempo. Cualquier obra importante tarda no menos de siete, diez años. Y ahí te das cuenta de que su agenda no coincide con la del planeta. Pero esto de la velocidad de las cosas es bueno en algunos casos. Por ejemplo, yo estoy por llegar a cinco millones de me gusta en el Facebook de Soda. Son cinco millones de pibes que me siguen cuando les digo algo. Esos cinco se convierten en decenas. Eso hace que cualquier mensaje que dé, en segundos pueda ser leído por decenas de millones. Que haya un conocimiento de abajo hacia arriba y que eso pueda provocar una revolución de conciencia, es lo que yo planteo.

Rock, tecnología, sustentabilidad. ¿De dónde sale esa inquietud temprana por aquello que define o va a definir una época?

– Siempre fui un tipo curioso, y hasta medio autista si se quiere. O sea, no soy alguien que está todo el día en la calle. Ya de chico, salía, jugaba un rato con mis amigos y después me metía en el cuarto a armar el Lego. Hay dos palabras fundamentales para mí: curiosidad y descubrimiento. La curiosidad lleva al descubrimiento. Y el descubrimiento es un momento magnífico en la vida: descubriste un sabor, descubriste una melodía, descubriste al amor de tu vida. El que no descubre se va marchitando. Y hay que tener esa cosa lúdica de salir para poder descubrir. Las cosas más maravillosas generalmente pasan fuera de la zona de confort.

También conservar la capacidad de sorpresa, ¿no? La gente que absorbe su personaje, un fenómeno que podríamos denominar famosismo, aquel que cree que ya culminó su aprendizaje.

– Sí, no existe creer eso. Ahora, por ejemplo, me puse a hacer un taller de caligrafía, porque tengo ganas de pintar letras. Y me encanta. Antes de la gira de 2007 con Soda, llamé a un viejo profesor de batería y le dije: “Quiero estudiar. De vuelta. Quiero venir a corregir todo, porque siento que no sé nada”.

¿Y qué te pasó?

– Me pareció genial, porque aparte uno, con el paso del tiempo, va teniendo su técnica y también se va enviciando. Lo disfruté muchísimo. Es que esa es la magia de la vida: el reconocer que no sabés nada.

Lo relaciono con una frase que dice que la amistad adecuada es reconocer que uno y otro pueden ser maestro y discípulo simultáneamente.

– Eso. La vida es así. Y en ese proceso te redescubrís. Siempre soy muy crítico conmigo. Pienso que no sé nada. Me siento ignorante. Y tengo una constante necesidad de buscar más.

En ese aspecto, ¿ves un patrón común entre todos esos líderes que te cruzaste en los últimos años?

– La búsqueda. Otro podría ser la humildad, pero no es constante. Digo: Jobs no era un tipo humilde. Me crucé con líderes humildes y líderes que no lo son. Pero todos coinciden en el aspecto del conocimiento, de ir más allá.

De tirar el carro de la historia.

– Sí, pero en este nivel es más por una cuestión de emoción. Ni por ego ni por ambición.

O sea, no son megalómanos. A diferencia de la clase política, no son tipos que quieren quedar en los libros como objetivo, sino en todo caso como consecuencia de alcanzar el objetivo.

– Claro, son tipos que se emocionan con el descubrir. Después viene el resto.

Hay que recuperar la emoción.

– Mirá, a veces me encuentro con gente que me dice: “Qué bueno Charly, yo te escuchaba cuando era chico”. Yo le pregunto: “¿No escuchás más música?” “Bueno, pero la vida…” Y le digo: “¿Qué tiene la vida?”. Eso resume la forma de ser de mucha gente. Las personas envejecen espiritualmente porque tienen ganas y porque la sociedad es la que te dice: No, che, tenés 52 años, ¿cómo no tenés un hijo? ¡Si todavía soy joven! Ya lo voy a tener. Las cosas llegan en el momento que tienen que llegar.

Invierno de 2007. Una noticia sacude el mundo del rock: tras una década de silencio, Soda Stereo vuelve a los escenarios. Una gira descomunal, un regreso que viene a agigantar la mitología de la banda más grande de América latina. Primer día de ensayos. Como es de esperar, a los tres músicos se les suma, en la sala, una enorme colección de personas que orbitan alrededor de esa burbuja musical y millonaria. Managers, asistentes, gente de la discográfica, amigos. A punto de tocar el primer tema, Gustavo Cerati mira a todos y dice: “Chicos, nos quedamos nosotros tres solos. Todo el mundo afuera”. Y lo hacen. “Empezamos a tocar y a la mitad del tema pensamos: «Esto es inigualable. Sonamos mejor que hace 10 años y hace 10 años que no tocamos». Era increíble.

Supongo que con Soda esa emoción y ese descubrir se ponían de manifiesto constantemente.

– Sí. Teníamos por default y como mayor rasgo la cuestión de descubrir. El mayor respeto hacia el público era ser nosotros mismos. Y darle cada día algo mejor. Eso a veces nos llevaba a no ser entendidos. Que te dijeran: “Ay, ¿por qué cambiaron? Hiciste Canción animal. A mí me gustaba más el estilo Doble vida”. Ese mismo venía cinco meses después: “Che, hicieron un discazo”. Nosotros nunca pensamos qué groso lo que hicimos, sino qué groso lo que vamos a hacer.

Dynamo es un disco que lo ponés y suena actual.

– Sí, ese era el rasgo de Soda. Desgraciadamente no pudimos seguir. El plan después de 2007, después de la tremenda gira que hicimos, era continuar cada cinco años. En esa gira batimos muchísimos récords, pero fue exitosa principalmente porque nos reencontramos entre nosotros como personas y eso nos llevó a acordar que una vez terminada, queríamos que hubiera Soda cada cuatro, cinco años.. Realmente era injusto para nosotros no hacerlo. Siempre fuimos muy respetuosos con lo que le decíamos a la gente, por eso, con la tremenda propuesta que nos trajeron para seguir en enero del año siguiente, dijimos que no. Pero tampoco queríamos ser crueles con nosotros. Cuando tuvimos que tomar la decisión de no seguir la gira de 2007, nos dijimos: «Lo que pasó fue espectacular. ¿Lo queremos seguir haciendo? Sí. ¿Por qué? Porque estamos grandes, ya nos entendimos, no nos peleamos por pelotudeces, ya está».

Esa cosa de haber seguido tu impulso. Esa cosa de tener más de 50 años, de tener ambición, te puso en algún lugar de la media, te puso a pensar en eso.

– Yo soy feliz e infeliz así. La vida es así. A mí la vida me ha dado, pero también me ha costado. Soy un trabajador: cuando empecé con Soda la decisión de integrarme a la banda hizo que me tuviera que ir de mi casa y no tener plata ni para pagar el colectivo. Los palos de la batería los pegaba con cinta y con cola para madera. Soy eso. ¿Para corregir? Millones de cosas. ¿Me veo solitario? Espero que no, si bien las acciones que hago veo que me están llevando hacia otro lugar. Hoy estoy dedicándole demasiado tiempo a esto [se refiere a R21]. Quizá tendré que repensar.

¿A veces te sentís un predicador en el desierto?

– No me siento líder, pero es cierto que con lo que hago, lo soy, y el liderazgo es un lugar solitario. Una vez hace muchos años un tipo, en relación con las nuevas teconologías, me dijo: “Charly, ¿tenés idea de que están diez años adelantadas?”. A veces hay que dejar de ser el loco de la bandera para ser el abanderado. El loco de la bandera es ese pibe que va solo corriendo con la bandera, que lo ves que pasa corriendo. El abanderado es el que va con el grupo.

/ La Nación /