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Hablar de “la Gira Animal” es referirse directamente a uno de los picos más altos de popularidad de Soda Stereo. Tras el record de presentaciones en el Teatro Gran Rex de Buenos Aires (14, repartidas entre Junio y Julio de 1991), el grupo comenzó su gira internacional.

El primer tramo comprendió actuaciones en Colombia. Las ciudades elegidas fueron Bogotá, Cali y Medellín, donde actuaron en estadios para un promedio de 40 a 50.000 personas por función. Sin embargo, el hecho más destacado y casualmente más curioso, sucedió en Bogotá, en Septiembre de ese año.

Si hay un pueblo que entiende al fútbol como una pasión, es justamente el colombiano. Atentos a la expectativa reinante en la ciudad por la presencia de Soda Stereo, las autoridades no dudaron en invitar al trío a ser partícipe de un hecho sin precedentes (y sin eco posteriormente) en la historia de la banda: dar el puntapié inicial en uno de los partidos oficiales del campeonato local.

El evento elegido fue el clásico capitalino: Millonarios contra Santa Fé. El lugar: el estadio Campín de Bogotá, donde apenas un par de días después la banda presentaría Canción Animal. Según informa el sitio Noasey, aquel partido terminó 0 a 0.

Me acuerdo de esa noche“, comentaba Zeta. “Fue el mismo día que llegamos a Bogotá. Nos llevaron al clásico y nos invitaron a hacer el puntapié inicial. ¡Yo quería hacer el gol desde mitad de cancha!“, se ríe.

También estuvimos arengando con las hinchadas y estuvimos presentes en la formación inicial al lado de los jugadores. Todos cantaban y nosotros nos mirábamos como perdidos, no nos sabíamos la letra“.

Los Soda Stereo no sólo dieron el puntapié inicial al encuentro, sino que se formaron para escuchar el himno colombiano (tal como se ve en la foto), estuvieron por las gradas del estadio, y comentaron el partido para algunos medios radiales. “Estábamos en la cabina con el relator del partido y nos pedían a mí y a Gustavo que hiciéramos comentarios sobre el partido. Recuerdo que dijimos lo que pensábamos que tenía que hacer cada equipo“, recuerda Zeta riéndose al sitio Noasey.

Una historia que merece ser contada.

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Aquel 21 de Diciembre de 2007 marcó la despedida definitiva de Soda Stereo arriba de los escenarios. El cierre perfecto para una gira que batió records por todo el continente, con el sexto River lleno bajo el brazo. Abrimos entonces el diario de gira de Leandro Fresco, quien con sus palabras nos permite volver el tiempo atrás, y sumergirnos nuevamente en esa burbuja en el tiempo.

Escribe Leandro Fresco:

Miércoles 19 diciembre, 2007

El clima de los últimos shows fue muy relajado y alegre. Mucha gente del equipo técnico y management son profesionales históricos que han trabajado con los Soda, por lo que el clima es muy distendido. La banda ya se ha presentado en muchas ciudades, y la expectativa y la curiosidad de la gente por saber cómo se verían otra vez luego de tanto tiempo, creo que ha sido cumplida.

Noté que todo el equipo estuvo con el ánimo en alto para enfrentar lo que sabríamos sería la parte más caliente de la gira, teniendo en cuenta la época del año y de que estamos terminando esta etapa en casa, con amigos y familias incluidos, el próximo viernes.

Jueves 20 diciembre, 2007

Creo que la idea de estos ensayos que terminaron hoy fue mas que nada para no perder el ritmo, ajustar los últimos detalles y poder ensayar con cada uno de los invitados, así que durante estos días fueron llegando en horario y día específicos para ensayar su parte con nosotros. La mayoría son viejos amigos de los Soda así que con cada invitado se vivieron momentos de repaso, de anécdotas y recuerdos de viejas épocas compartidas.

En lo personal, los años de gira con Gus me han dado las armas como para enfrentar audiencias enormes, pero en el caso de esta gira todos los shows fueron monumentales. Realmente me siento contento de haber recibido esa especie de entrenamiento previo y de no sentirme abrumado por toda esta situación.

Si bien todos somos conscientes de que después de esta gira algo está por terminar (al menos por el momento), creo que ninguno de nosotros quiere pensar en eso. Está claro que la relación entre ellos está muy bien, dejando la posibilidad de tener novedades de Soda en un futuro no muy lejano.

Pensando en mañana, la gente siempre ha sido increíble, sabemos que el público será el mejor que podamos tener y tenemos que estar a la altura de eso. En lo personal sé que parte de la tarea además de tocar, será tener real conciencia y tranquilidad para poder disfrutar ese momento y poder grabarlo en mi memoria.

Viernes 21 diciembre, 2007

Hoy en la mañana, luego de la prueba de sonido, hubo un breve momento para regresar cada uno a su casa. Fue un día de mucho sol y calor. Por la tarde temprano la van me pasó a buscar y fuimos rumbo al estadio. En el camino, mientras miraba por la ventana, noté que un montón de gente que iba por la calle sería el público de esta noche y pensaba en que alguna vez yo fui uno de ellos.

Durante el trayecto al Monumental tuve una sensación ya conocida. Me ha tocado enfrentar varios finales de gira de Cerati en su etapa solista y la sensación siempre es la misma: mezcla de pena porque algo se termina pero sabiendo que en unas horas estaríamos en el escenario viviendo una de las experiencias mas insolutas que se pueden vivir.

La organización en todo momento fue exacta y todos los detalles estuvieron pensados para que nosotros viviéramos este último show a pleno. Realmente en esto todos los eventos fueron iguales, lo que cambió es el contexto y saber que terminaba la gira. Desde un primer momento supimos que la gente estaba preparada e iba a dar lo mejor en el show, y en los camarines la sensación fue la misma.

El show fue perfecto.

El público estuvo eufórico y eso se expandió en el escenario, hubo momentos de conexión musical muy alta y emotivos gracias a los invitados que estuvieron presentes. Fue grandioso.

En toda Latinoamérica hay audiencias muy especiales, somos todos parecidos, como primos hermanos. La gente se expresa, grita, salta y eso genera un estado colectivo muy particular provocado por nuestra forma de ser. Somos así. Y esta noche fue claro y notorio en el público: la gente tenía ganas de volver a escuchar a Soda Stereo, y se sintió como un gracias por volver de parte de la audiencia. Se sintió el cariño de la gente hacia ellos y su música, además de una especie de redescubrimiento del trío para muchos que, por cuestiones generacionales, no los habían visto tocar en vivo.

Fue espectacular.

Todo el tiempo se notó una mezcla de emoción, alegría y una sensación imposible de explicar. Todos lo sentimos pero nadie lo supo expresar. Por suerte, todo el mundo estuvo tranquilo de saber que hasta el momento habíamos cumplido cada uno con su parte dando lo mejor.

Sábado 22 diciembre, 2007

Anoche luego del show nos reunimos en el sector de invitados en una especie de after y pasamos un rato largo cenando y compartiendo con la gente. El clima de la reunión fue animado y creo que nos sirvió para bajar el nivel de energía absorbido en el show. Es casi imposible irse a dormir inmediatamente…

Durante esta gira conocí a parte de la familia de Zeta, de Charly y de Gustavo. De hecho anoche estaban los padres de los 3 y al verlos pensaba en qué sentirían al ver a sus hijos en semejante contexto y todo lo que han logrado.

Luego del after en River seguimos para una fiesta privada en el hotel Faena, que se extendió hasta que salió el sol esta mañana con mas invitados y amigos. Hubo muchos abrazos con todos los del equipo que, hoy puedo decir, se convierten casi como en familia luego de una gira tan larga. Supimos que todo salió como estaba previsto y eso nos dejó a todos un sabor del objetivo cumplido.

En la fiesta de esta madrugada en el Faena hubo muchos invitados estrella, personajes reconocidos, que se acercaron a saludar. Yo conversé un poco con Martín Palermo, crack de Boca Juniors, un auténtico fana de Soda Stereo.

Enero, 2008

Gustavo me invitó a pasar unos cuantos días en su casa de José Ignacio, aquí en Uruguay. Relajados hablamos a veces de lo que ha sido la gira de Soda y de lo bien que había salido. Lo que yo tengo claro es que Soda está de vuelta y seguro que la historia va a continuar. En un momento le dije a Gustavo: “¿y la próxima vez que vuelvan qué onda? ¿no deberías hacer un nuevo álbum con Soda Stereo?”

Me contó que tuvieron ofrecimientos para seguir en este 2008, sin embargo también hablamos sobre lo que será su nuevo trabajo. Las ideas ya están en marcha para su nuevo álbum solista así que si bien recordamos momentos de la gira con Soda, las ideas de Gustavo están enfocadas en su nuevo disco. Eso lo noté.

21 diciembre, 2017

Hoy en día me pongo a pensar y creo que el haber tocado con Soda Stereo fue un regalo de Gustavo. El sabía perfectamente que en mí había un soldado. Realmente los 3 Soda juntos generan algo tremendo con la gente, mas allá de quien los acompañe. Un recuerdo imborrable fue haber sido parte hace 10 años de eso.

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– “Ya me acostumbré a la situación. Es la despedida, el último concierto, el final. Todos son epígrafes que rondaron esta situación, que a su vez tiene un elemento de felicidad, más allá del supuesto dolor y la supuesta emoción de tocar por última vez, porque hemos decidido despedirnos de esta forma. Es una especie de ofrenda a la gente“, reflexionaba Gustavo Cerati.

La gira El Ultimo Concierto, que había arrancado en México, para pasar por Venezuela y Chile, desembarcaba finalmente en Buenos Aires. La fecha pautada era el sábado 20 de Septiembre. Apenas días antes se decidió la incorporación de músicos invitados para el show de cierre. “Ensayamos en un lugar que era el Prix D’ami“, recuerda Richard Coleman. “Era un lugar para tocar, para hacer conciertos. Se había armado toda la sala ahí, y bueno, cuando me convocaron, llegué al último ensayo. Fue muy representativo. Cuando terminó el ensayo y vi que empezaron a levantar todos los instrumentos, ahí me pegó una emoción, digamos. Ahí fue un momento muy emocionante para mí. Ser un privilegiado de estar en la trastienda de la cosa ¿no es cierto?. Porque dije: “No, no es el último concierto, es el último ensayo, esto es mucho más fuerte“. El tema elegido para Coleman fue finalmente Sobredosis de TV, el cual interpretaría en una versión hiper rockera, como la que se venía tocando en toda la gira.

Por primera vez, Soda Stereo iba a llenar el estadio Monumental de River. Paradójicamente, aquella primera vez, iba a hacer en su último show antes de la separación. “Yo pensaba: con lo que cuesta llegar a hacer un River. Llegás y es lo último que hacés. Es fuerte, me parecía muy injusto“, comenta Adrián Taverna.

Poco después de las 22.30 horas de aquel Sábado 20 de Septiembre de 1997, Soda Stereo subió al escenario de River. “Soda Stereo, Buenos Aires, Argentina”, y el inicio de En la ciudad de la furia. El Monumental tembló. Durante casi 3 horas el grupo transitó toda su carrera y pasando por todos sus discos. “Recuerdo que cada invitado tocaba una canción que había marcado simbólicamente su ingreso a la banda“, detalla Andrea Alvarez, quien fuera percusionista del grupo entre 1989 y 1991. “La Cúpula era un momento en donde ellos me llevaban a lucirme. Eso era histórico y por eso lo eligieron. Yo había sido madre, hacía mucho que no estaba en el escenario así que lo que para todos era despedida, para mí era una fiesta“.

A mí la invitación me llegó de forma muy fría y escueta por un manager“, recuerda Daniel Sais. “No había tenido mayor contacto con ellos antes, salvo algun roce ocasional. Que se separaran no me extrañó, sabía de las fricciones internas de la banda desde hacía tiempo y de la necesidad de Gustavo de incursionar en otra música donde sus compañeros no tenían cabida. Esa experiencia fue interesante, tensa, triste“.

Para Eduardo Iencenella (más conocido como Barakus), histórico stage manager de Gustavo Cerati, la despedida en River fue una noche más de trabajo. “Me cayó la ficha recién con el último tema. En la previa, con la preparación de la gira y después con el andar de los shows, aunque veía a los fans llorando no me daba cuenta de lo que estaba pasando“, comenta. “Para mí estábamos girando y había que estar concentrados en dar el mejor show, pero toda esa exigencia y adrenalina se convirtió en stress los días posteriores al Ultimo Concierto“.

Luego de interpretar 27 canciones aquella noche, Gustavo Cerati interrumpió el coro de los miles de fanáticos que se rehusaban a que el grupo se disolviera: “tengo una buena canción para cantar”. Acto seguido los primeros acordes de De Música ligera retumbaron en River.

Al final de la canción, Cerati extendió sus brazos, se acercó al micrófono y comenzó a dar las gracias, como sólo él sabía hacerlo. “¡No sólo no hubiéramos sido nada sin ustedes, sino con toda la gente que estuvo a nuestro alrededor desde el comienzo, algunos siguen hasta hoy, gracias… totales!

Es un recuerdo imborrable en mi carrera, esa frase espontánea que le surgió a Gustavo y que lo marcó para toda la vida“, comentaría luego Adrián Taverna. “Por no poder enumerar a un montón de gente que nos acompañó desde un principio me salió el ‘Gracias totales’“, confesaría el propio Cerati. “Es genial cómo una frase así queda. La cantidad de veces que la escucho utilizada para cualquier boludez es fabuloso. Se convirtió en eslogan.

Tras aquella despedida en River, paulatinamente, comenzaron a salir a la superficie las razones de la separación de la banda. Como si fuera una especie de terapia pública y personal, cada uno de los Soda planteó ante los medios su postura ante lo sucedido, y lo que el futuro podía deparar.

Yo creo que Soda Stereo podría haber seguido haciendo buenas cosas“, comentaría Charly Alberti semanas después. “Las diferencias se dieron al nivel de quién quiere tocar y quién no. Yo me aburría de no tocar por mucho tiempo. ¿Por qué hay que esperar a ponerse de acuerdo si vamos a tocar dos, cinco o treinta shows? Para mí eso no era un grupo de rock“.

Si bien hoy no comparto muchas cosas con los chicos, no quiere decir que no hayan sido los grandes compañeros de mi vida“, continuaba Alberti. “¿Quién te dice que dentro de algunos años, cuando ya nos aburramos de estar solos, un día la vida nos junta y hacemos algo? ¿Por qué no?“.

10 años después, el tiempo le daría la razón a Charly Alberti. Soda Stereo, también un 20 de Septiembre, volvería para anunciar la Gira Me Verás Volver, con un breve show en Museum. Finalmente, los veríamos volver.

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/ Fuente Músicos invitados: Entrevistas EnRemolinos.com /
/ Fuente Gustavo Cerati: Clarín Agosto 1997 /
/ Fuente Charly Alberti: Generación X Marzo 1998 /

Nació casi por casualidad, en el exilio del líder de Soda y mientras esperaba su primer hijo; se convirtió en un disco clave en su carrera. Cecilia Amenábar, Tweety González, Zeta Bosio y Alejandro Ros reconstruyen la historia de canciones modernas aún hoy.

Hace algunos años, Gustavo Cerati confesó: “Una vez vi un CD mío a diez pesos. Me dio vergüenza y me lo llevé”. El disco al que se refería el líder de Soda Stereo es Amor amarillo, que el viernes cumplió dos décadas. Si bien es cierto que fue su primer trabajo en solitario, el tiempo se encargó de darle ese lugar, pues al momento de su aparición se le consideró una aventura sonora más. Esa ópera prima, a pesar de que fue bien recibida, puso a sonar las alarmas entre los seguidores del trío debido a que demostró que, tras el llamado de atención que significó el tándem con Daniel Melero para Colores santos (1992), el músico era capaz de llevar adelante una carrera unipersonal –al menos compartida–, además en una época en la que las relaciones en la banda evidenciaban su desgaste. Mientras meditaba acerca de su futuro en la terna, el cantautor conoció la noticia del embarazo de su esposa, la artista chilena Cecilia Amenábar, del primogénito de ambos, Benito: eso lo motivó a mudarse una temporada al otro lado de la Cordillera.

Amor amarillo es un álbum un tanto particular, lo que lo convierte, justamente, en una obra especial. Su confección no estuvo dominada por la reflexión sino por el impulso, a diferencia de Bocanada (1999), que, pese a que es el segundo título de la discografía personal de Cerati, fue la primera superproducción fuera de Soda: muchos, incluso su autor, le dieron el trato de debut. “No estoy pensando en desarrollar una carrera solista. Simplemente hice un disco solo”, aseguraba el artista en una de las pocas entrevistas que dio para promocionar esta producción, recogida por la periodista Maitena Aboitiz en una investigación que derivó en el libro Cerati en primera persona (2012). Eso lo convierte en una de las escasas fuentes de consulta sobre este material, sobre todo luego de que el músico de 54 años sufriera en 2010 un ACV que lo dejó postrado: “Cuando me embarqué en esta historia de ser padre tuve la necesidad de hacer una limpieza. Fueron diez años de andar girando, y después de Dynamo vino bien colgar los guantes un tiempo. Hasta la muerte de mi viejo, en 1992, mi vida estaba programada”.

Cuando terminó el tour de Dynamo, en el que me embarqué con él por tres meses, Gustavo tomó la decisión de irse a Chile. En febrero me comentó: ‘La verdad es que esto no da para más. Tengo que salir un poco de Buenos Aires, del grupo’”, evoca a Página/12 la ex cónyuge de Cerati, testigo, coprotagonista y musa de ese álbum, con la que se casó en 1992 y tuvo también una hija: Lisa. “Le dije que se viniera, pero le advertí que no podía dejar mis estudios universitarios. A lo que me respondió: ‘Me llevaré algunas cosas para hacer un disco. Ayudame’.” Así que se llevó lo estrictamente necesario para improvisar un estudio en Santiago. “Cuando llegó tuvo problemas para pasar sus equipos. Estaba muy ofendido con la aduana chilena porque no lo habían tratado como a una estrella… tuvimos que llamar a un tío para que nos asistiera. Se vino con todo: guitarras, teclados, bajo, consola. En casa, por suerte, tenía unos parlantes, a los que se enganchó. Me tomó todo el comedor y el living, que, por suerte, estaban separados de las habitaciones. Ese disco lo hizo ahí.

Antes de comenzar a trabajar en el primero de sus cinco álbumes de estudio, Gustavo recibió una noticia que no sólo le dio orientación al eje inspirativo del disco, sino que lo obligó a extender su estadía. “Para el día de su cumpleaños nos enteramos de que estaba embarazada. Venía de buscar el test”, recuerda Amenábar. “Entonces me contestó: ‘Me quedo todo el año, hasta que nazca el bebé. Acabá tus clases y terminamos el disco con el parto’. Se armó un mini quilombo en su vida, pero para bien, fue muy motivador.” Los meses pasaron entre embarazo, canciones y facu, a los que se sumaron amigos chilenos. “El trabajaba hasta las cuatro de la mañana, al tiempo que yo dormía. A veces con auriculares, porque Gustavo es re-noctámbulo. Vivía en un departamento en Providencia, en una parte que es muy parecida a Callao y Santa Fe, en el límite donde empiezan Las Condes, una zona neurálgica. Y venían amigos, porque en Santiago la gente se junta mucho. Así que se puso horarios. Mientras iba a clase, avanzaba un poco, y a la noche, tarde, le bajaba la inspiración.

Si bien la artista chilena asegura que no tenía problemas con dormir con un poco de ruido, una noche se levantó invitada por el beat de una canción. “Cuando estaba haciendo ‘Pulsar’ escuché los acordes, me acerqué medio dormida, y le dije que eso debía llevar un coro y me respondió: ‘Hacelo’. Me arengaba para que hiciera cosas, pero yo estaba ocupada con lo mío. A veces me arrepiento de no haber metido más cuchara porque me daba permiso, me incentivaba. No me olvido de esa noche: aparte de que el ritmo era bien pegote; así empecé a colaborar.” Además de que era uno de sus temas favoritos de Amor amarillo –era un fijo en sus shows–, Cerati consideraba a ese single, el punto de partida de Bocanada. “Los pulsares son metrónomos cósmicos, y se asemejan en que laten en los confines del Universo”, dice Cerati en el libro de Aboitiz. “De una ecografía extraje una muestra de los latidos de mi hijo, y los mezclé con el sonido de un geiser en ebullición. Eran tan parecidos e hipnóticos que me hicieron pensar que la vida era gas” (“Es que la vida es gas, y es tan dulce traspasarla”, reza la letra).

“Pulsar” es también una declaración de principios de Cerati sobre la apropiación de la música electrónica en su propuesta de allí en más, aunque ya existían indicios de su interés por ésta en Rex Mix (1991). “Gustavo siempre estuvo influido por los dos últimos años de música”, afirma Tweety González, músico y productor que participó en Amor amarillo como asistente de programación y consultor de audio. “Para mí Amor… tiene una conexión con Canción animal, el equipamiento para hacer los demos de ambos discos fue el mismo. Se hicieron con la MPC60 (instrumento diseñado para hacer música electrónica, lanzado en 1988). Cuando la llevé a la banda fue su centro de creación hasta la separación de Soda. No había computadoras, no había otra forma. Esa manera de trabajar la llevó al máximo, al punto de que el baterista iba a ser Daniel Colombres, pero la programación sonaba tan bien que desistió de invitarlo.

La estadía en la capital chilena coincidió con el auge de la música electrónica que experimentaba la capital sudamericana. “Me acompañaba a las raves”, apunta Amenábar, quien suele compartir su rol materno y artístico con ocasionales sets como DJ. “El día antes de parir, había una que hacían amigos míos, Barracuda, donde conoció a Andrés Bucci y Christian Powditch, con los que luego formó Plan V. Yo me quedé, porque tenía fecha para el día siguiente. El volvió a las 5 o 6 de la mañana, comenzó el trabajo de parto y nos fuimos para la clínica. Chile tiene una onda bien techno, al menos en esa época. Muchos de los que se fueron a Alemania en el exilio, estaban volviendo o trayendo DJs de Detroit y Frankfurt. Había una movida interesante, y a mí me gustaba ese tipo de música. Porque teníamos gustos en común, lo fui tirando para ese lado. Fue una corriente de esos años, en las que las fiestas se organizaban en casas tomadas, con estimulantes y una gran psicodelia.

Amén de la electrónica británica de comienzos de los ’90 y del dream pop, Amor amarillo tomó prestadas ideas de psicodelia y del folk. Un trabajo tan en sintonía con el momento en el que fue creado que, si se lo hubiera tomado con menos distensión, seguramente a su autor le hubiera causado angustia por lo incomprendido que fue. “En la Argentina nadie hablaba de indie, al menos el concepto que se maneja hoy. Apenas comenzaba a asomarse”, asevera González, productor de Gustavo en Ahí vamos, que consolidó la apuesta solista del cantautor, al permear en ese gran público que añoraba la vuelta de Soda. “Ese trabajo estuvo impulsado por la lluvia musical de ese año, pero también con mucho olor a los ’80 de acá.” Para Amenábar, coautora de “Ahora es nunca”, lo más llamativo fue la diversidad que atraviesa al repertorio. “Después de escuchar un techno bien de la onda de Primal Scream, el álbum entraba en contraste con canciones como ‘A merced’, más acústica, con guitarras románticas, playeras y lentas.

La casa de campo de la familia de Cecilia en las afueras de la capital chilena fue otro de los bastiones que iluminaron el debut discográfico en solitario de Cerati. “Salíamos mucho los fines de semana largos. Teníamos contacto con la naturaleza”, describe su ex esposa, en su casa bonaerense. “Se compró una guitarra en Santiago, que aún conservo, y se la llevaba. ‘Lisa’ está inspirada ahí, pues en un lago próximo abundan los pejerreyes y la lisa, que no se come tanto porque tiene espinas chiquititas.” Si bien muchos suponen que la hija de la pareja inspiró la canción, la realidad es que nació dos años más tarde. De hecho, la idea de su nombre surgió de la forma más impensable. “No sabíamos qué nombre ponerle, y como Benito era fanático de Los Simpson, la llamamos como la hermana de Bart.

Otra de las fábulas del rock es que la canción “Te llevo para que me lleves” es una ofrenda a Benito Cerati. “No está dedicada a él, es de nosotros dos”, despeja la conductora televisiva de 42 años, que tiene una participación vocal en ese primer single de Amor amarillo. “Era él llevándome a mí y yo a él, de un lado para otro, en la montaña, en el avión. Siempre andábamos en la calle bailando o cantando. En México nos llevaron presos por manifestar nuestra felicidad públicamente… ‘Están borrachos, drogados’, nos decían. Y una vez que él tenía libre en la gira de Dynamo, en Venezuela, salimos a un parque de diversiones. Ahí empezó lo de tú me llevas y yo te llevo. A la vuelta en el hotel, estaba con el cuadernito escribiendo la letra del tema.” Pero los latidos del vástago se pueden escuchar al final del single. “Es parte de este disco, en realidad es este álbum. Pese a que Gustavo en uno de los temas dice que me ama, lo que me hizo sentirme halagada y correspondida, todo eso era también por el hijo que venía en camino. Un triángulo. No era sólo una pareja, sino una situación de a tres.

La confusión acerca de que el primer corte de Amor amarillo fuera un tributo a su primogénito quizá la causó el clip en el que Cecilia exhibe con orgullo su panza de ocho meses. “La compañía decidió que fuera el primer single, y pidieron que participara en el video. Una semana después de que se habló con los directores Daniel Bohm y Pablo Fischerman, vinieron a Chile. Conseguí que nos alquilaran la cámara, y nos trajimos boludeces de mi casa, vestuario comprado en Los Angeles, y el trajecito que Gustavo tiene puesto (Benito lo usó en 2011 en un show en vivo), que se lo regaló Jordi, un amigo que vende ropa usada. Los realizadores no tenían mucha idea de lo que querían hacer, y nosotros tampoco. Fue poner la cámara y listo. Llegaron un lunes a la noche, y el martes debían filmar algo. Y al otro día fuimos a un paraje cerca de Santiago para poner un poco de paisaje. Había neblina, Gustavo se vistió medio loco, y le pedimos prestada esa guitarra blanca. Fue la experimentación sobre el momento.

Así como Venezuela fue el núcleo para la manufactura de uno de los grandes éxitos en la trayectoria de Cerati, el tramo caribeño de Dynamo, a comienzos de 1993, abrió el concepto de Amor amarillo (al igual que Colores Santos y Ruido blanco, el título gira en torno de la luz). Y es que para el cantautor argentino la querencia es de ese color. “Cuando fuimos a Centroamérica con Soda, estuvimos en México y Venezuela. En playas de estos países como Los Roques empezamos a recoger pedacitos de piedras amarillas que usaban para collares y nos llenamos de ellas”, rememora Amenábar. “Creo que lo tomó de ahí. Se quedó pegado con esa de ámbar y transparencia. Era la energía, el sol.” Mientras escuchaba discos de Ultra Vivid Scene, Galaxie 500, Spiritualized y Eye in the Sky, de Alan Parsons Project, comenzó a componer los temas, casi todos en el mismo período, salvo “Rombos”, de la era de Colores santos. “Es bastante de escribir, especialmente en sus momentos de mayor tranquilidad. Las letras apuntaban a algo más personal, a su paternidad, a tomar otra ruta.

Aunque el disco fue plasmado principalmente en ese living en Santiago de Chile –con alguna incursión en la sala Ambar de esa ciudad–, se terminó de mezclar y grabar en Buenos Aires, en lo que fue el estudio Supersónico, propiedad del trío. “En unas vacaciones de invierno mías vinimos para acá, pues debía hacer el master y los toques finales”, detalla la artista chilena, quien tocó el bajo en el tema “A merced”. A lo que Tweety adhiere: “Antes de grabar fui a su casa, me mostró temas y vimos cosas con el teclado, porque el chiste era que ejecutara todos los instrumentos, incluso el bajo, que le encantaba. Ya lo había hecho en demos de Canción animal como ‘Hombre al agua’”, reseña el músico y productor en su estudio de Villa Urquiza, dueño desde hace muy poco de su propio sello, Twitin Records. “Fue muy largo de hacer, porque en esa época había un lapso determinado para hacer una grabación debido a que previamente tenías que saber lo que querías.

Otra de las cualidades de esta realización, más allá de los estilos en los que se amparó, del punto de partida de inspiración y de la forma de trabajar el disco (siempre de alta fidelidad), fue su intimidad. Además de Amenábar y Tweety, el otro partícipe, amén del equipo técnico encabezado por Mariano López, fue Zeta Bosio, quien al final prestó su bajo para ‘Amor amarillo’, colocó teclados y participó en calidad de coproductor. “Veníamos muy atrasados con el próximo disco de Soda, Sueño stereo”, recapitula Zeta, celular en mano, antes de salir de gira como DJ a Colombia y Costa Rica. “Me sorprendió cuando me dijo que iba a hacer un material solista, pero quería que lo ayudara. Es una producción muy linda, fina. Hasta lo acompañé a la radio para tocarlo. Había una campaña para dejar de fumar, y varios del equipo de Soda nos sumamos, salvo Gustavo. Justo el día en que comenzaba la grabación, era la fecha. Y me quería matar, pero no probé un cigarrillo en 20 años.

Ese guiño a Zeta fue una manera de reconciliarse con el grupo. “Tenía un poco de ganas por lo que significaba tener una banda, pero también sentía angustia porque había una parte que quería y otra que no. Al final, pudo consensuar”, analiza Cecilia. “Fue muy importante cuando murió el hijo de Zeta (Tobías falleció en julio de 1994). Eso los acercó y volvieron a verse. Tenía que resolver una relación él, particularmente, porque Charly estaba listo para hacer otro disco. Ahí hubo un poco más de calma para el regreso de Soda. Gustavo formaba parte de una banda, lo aunaba un contrato, y ahí pensó: ¿Por qué no hago las dos cosas?’”. Tweety, productor de Trip tour, primer álbum de Zero Kill (laboratorio sonoro de Benito Cerati) que salió a la venta en octubre, opina: “No iban a comer asado todos los domingos, pero la relación era lo suficientemente buena para seguir ensayando y tocando. En el ’89, cuando entré a tocar con ellos, Soda estaba muy arriba. No obstante, ahí empezó a la degradación de la unidad extra musical del principio. Era más laburo”.

En octubre de 1993, cuando Cerati ya tenía listo el álbum, se reunió con Alejandro Ros y Gabriela Malerba para definir el arte. “Benito no había nacido, y yo estaba en exámenes finales. Dejé la universidad sin terminar la tesis. Estudié cine, así que me puse después a trabajar”, puntualiza la artista. “Gustavo fue para el parto y se quedó. Lanzó el disco y nunca lo promocionó. Vino el día de la presentación, hicieron un cóctel, unas fotos y se fue a Chile hasta marzo o abril. Nunca le dio mucha bola a ese repertorio tras editarlo. Era muy personal.” Idea que González completa: “Amor amarillo se diferencia del resto porque no lo salió a tocar en vivo. Fue pensado más para el estudio. Al no haber baterista, todo era por línea. La compañía no le metió los mismos cañones. No hubo estrategia comercial como pudo haber en otro momento. Pero esa licencia artística fue estupenda. Fue un refresco para la escena. Basta compararlo con los trabajos que salieron ese año.

El mes pasado, la columna “Mapa genético” del programa Territorio Comanche (FM Nacional Rock) le dedicó un capítulo a Amor amarillo. En esa sección, Eduardo Fabregat –periodista de este diario– rescató una entrevista de 1997 en la que Cerati analizó el contexto en el que realizó el disco que, en sintonía con lo que sucedía en el resto del mundo, demostró que se podía bailar y ser rockero: “Cierto destierro fue interesante para mí, me liberó en cierto aspecto. Luego de Dynamo, que fue uno de los discos más interesantes del grupo, me pareció tortuoso lo que vendría después. En un momento quería que el grupo se terminara, y pensé en mi incipiente familia. Fue duro para Charly y para Zeta, costó bastante que entendieran que no fue una decisión caprichosa. No podía armar una banda y tocar y seguir adelante. Amor amarillo fue un disco circunstancial, así que seguí con Soda, que fue lo que hice, porque no podía conciliar ambas cosas”.

Al consultarle qué es lo que le pasa por la cabeza o el cuerpo cada vez que lo escucha, Amenábar es clara: “Lo que siento es puro amor. Fue una época muy luminosa de nuestras vidas, de cuando vas a traer un hijo al mundo, y más si viene acompañado de música. Es como mi tercer hijo, si bien es un disco más del papá”. Lo más cercano al sonido efectivo, despojado y raudo de ese repertorio inaugural propio fue rescatado años más tarde por “Tu locura”, al que al artífice incluyó en el compilado Canciones elegidas 93-04. Ese single, aria indie de dos minutos y medio compuesto para la telenovela Locas de amor, recrea ese trato artesanal de su trabajo de 1993. “Es uno de los discos menos vendido y comprendidos de Gustavo porque lo hizo fuera de la banda, y porque a mucha gente no le gustó que se fuera a Chile. Aunque para mí es sencillo, psicodélico, amoroso, y bárbaro. Se llenó de energía, de bondad, de naturaleza, y le salieron un montón de canciones como más hippie, muy auténticas. Está sintiendo lo que canta y lo que dice. No hay cosas impostadas. Y nuestros hijos todavía las escuchan.

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